A VUELTAS CON LA IMPROVISACIÓN EN LA GESTIÓN CULTURAL

Parece que haya pasado meses, y fue hace unos días cuando se acabó IETM. Aunque solo pude ir a algunas charlas y a la jornada Creative lenses, se me quedó grabado todo lo que ocurrió ese día previo al propio IETM y sobre todo una idea que lanzó Pau Rausell sobre la gestión cultural en España y por ende, en el País Valencià.

Antes de nada, una cifra que aportaron en un muestreo de centros culturales europeos en la presentación inaugural del Creative lenses:

A la pregunta, de si tienen un plan a largo plazo, la variable de centros culturales del norte de Europa era de una 80% SÍ tienen un plan a largo plazo, mientras que en el sur de Europa tan solo un 23% SÍ tiene plan a largo plazo.

Y ahí nace la boutade que lanzó Rausell y la reflexión de este artículo:

¿Por qué en el sur no se tienen planes a largo plazo?

Defendió Pau Rausell que una de nuestras variables a valorar, que siempre se veía como negativa, es el trabajo improvisado. Nosotros vivimos más al día, y eso se ve reflejado en nuestros planes. No solo lo defendió, sino que hizo apología de ella.

Y yo me pregunto:

¿De verdad hay que vanagloriarse de no tener planes, de improvisar?

Entendí tanto la propuesta de Pau como de su compañero de mesa debate posterior, Jordi Grané, sobre que eso hace que nuestra gestión tenga más cintura, y estemos más capacitados para rectificar/modificar las propuestas, pero creo que es un error de manual sacar pecho por ello.

Diría que uno de los males de nuestra cultura se traduce en no tener planes. Y diría más: esto lo genera las instituciones culturales con sus planes presupuestarios a solo un año vista y en su nula autonomía presupuestaria.

El sector cultural sigue siendo muy dependiente de la administración (no sé hasta qué punto eso es bueno, malo, regular o no sabe / no contesta) y ese trabajo de dinamizador y desarrollo con años por delante (tal vez solo hagan falta dos años vista, no más) puede repercutir en una cultura más transversal, más participativa, más internacional o más crítica.

Me explicaré.

Cualquier empresa cultural hace su balance de gasto al final de año y su previsión para el año siguiente. En ese momento es importante saber cómo podrás extraer ese dinero, de dónde, y porqué, si eso es necesario para su proyecto.

Al depender un tanto elevado de la administración pública (y autonómica, que eso es lo primero que habría que hacerse mirar) el presupuesto comienza un baile de números y cifras para hacerlo posible, lo que lleva a no poder cerrar sus contenidos, su anhelo inicial y a conformarse o conformar aquello que sus posibilidades económicas le dan.

No tener programas regulados con suficiente tiempo, no conocer las ventanas claras para dialogar (no solo con la administración, sino con fundaciones, inversores, etc) hace que las propuestas culturales tengan una creatividad brutal llenas de precariedad hasta decir basta.

Y mientras, se nos pide desde los sectores económicos, sociales, culturales y administrativos que sigamos siendo creativos para superar esos “baches”. Preferiría que fueran creativos en los presupuestos y no solo en eso, en una regulación del sector, mediante contactos claros con otros niveles y reglando procedimientos que nadie tiene claros.

Pero por otro lado, el sector siente dependencia de ese plan a corto plazo. Son muchas las voces que piden constantemente volver a antiguos planes, y solo explicitan una máxima: más inversión que se traduzca en más dinero. Punto.

¿De verdad es más dinero lo que hará que la gente venga a ver las propuestas culturales? ¿Solo es la inversión el único síntoma del cortoplacismo?

Tal vez son muchas preguntas. Sé que estoy más lleno de dudas que de certezas, aunque creo que es importante cuestionarse un modelo que por caduco, queremos seguir fotocopiando. Y las fotocopias, cuando llevan muchas impresiones, ya no se lee ni la letra.

UNA CONVERSACIÓN EN CÍRCULO CON WADJI MOUAWAD

Aprovechando unos días en Madrid por trabajo, proyectos y demás reuniones, estuve en el Centro Dramático Nacional en el marco del taller de investigación: “Cómo contar hoy. Dificultades y retos de la narración”, que dictaba Wadji Mouawad.

Dictar, tal vez no es la palabra adecuada, ya que Wadji nos planteó, desde un círculo cerrado compartir el aquí y el ahora de la escena teatral/dramatúrgica desde las entrañas.

Ya desde el principio vimos que aquello iba a levantar grandes temas, pasiones, odios incluso. Wadji lo dejó claro: no quería hacer un taller para decirle qué tienen que hacer los actores en escena. Quería hablar con dramaturgos/directores de escena y que expulsáramos nuestros miedos/preocupaciones en ese círculo reflexivo.

Paso a volcar en este texto algunos de los impulsos que tomé de Wadji o de algunos compañeros/as que me quebraron o detonaron por dentro. No todo está, lamentablemente.

Wadji nos quería confrontar con la realidad con un buen puñado de “escupitajos” que nos lanzó en formato pregunta:

  • ¿Cómo conciliáis las dificultades del día a día y de la propuesta escénica (sean económicas o de cualquier tipo) con la creación en si?

Esta primera reflexión nos llevó algunas “perlas” como estás (no son citas al pie de la letra):

– “La situación económica es el verdadero director artístico de la obra”.

– Escribimos desde lo económico, pero también desde lo emocional, desde aquello que nos quiebra.

– “El director de escena ilumina una obra, el autor/director crea una obra”.

– Los fantasmas de las dictaduras pasadas nos vuelve huérfano, solitarios. Hay que volver a la comunión que genera el encuentro, la charla con el otro.

– “Somos la generación que entiende que sus hijos tendrán un mundo peor. Ese es nuestro drama”.

Wadji nos contó como montó una primera obra que ensayó durante 8 meses en la cocina de su casa. Eran 8 horas. Y que tuvo la suerte de conseguir que una directora de un festival fuera a su casa a verla. Y le hicieron de comer y la función para ella. Al acabar la obra le dijo que la llevaría a su festival pero que la redujera a 5 horas. Ahí empezó el éxito de “Litoral”.

Y reflexionando sobre ello y su siguiente montaje (un desastre según él) se dio cuenta que ese método fue el mejor que tuvo en años para encontrar el camino de la historia.

  • ¿Cómo se escribe vuestra historia en el mundo? ¿No piensas que tu teatro no llega a un público por alguna circunstancia, por un límite tuyo?

En este caso hablamos de lo determinista que son las condiciones laborales con una economía neoliberal y que eso impregna en el público que va (o puede ir) a las salas.

En mi caso hablé de la teoría del ˝impostor”: nunca sabes si lo que haces está bien, y en todo caso, lo que intentas es que, como impostor, no te pillen. Y eso genera una tensión latente en la creación.

En otros casos se habló la creación como enfermedad y como problema de salud (magistral María en ese fragmento en el que nos explicitó como dirigió un montaje con su bebé en el portabebés), y de las condiciones precarias del Off Madrid (extrapolable a otros Offs) y sobre todo incidiendo en el Teatro Lara (creo, profesión madrileña, que deberías montar una mesa redonda sobre este tema y ese teatro, parece que da para mucho).

Félix apuntó algo muy interesante: el “espacio de la confianza”, ese lugar que te creas y a partir del que puedes construir. Es importante construirse uno.

  • ¿Qué gesto conjunto vamos a hacer como primera piedra para el futuro?

En un atrevimiento Wadji nos propuso (o nos insinuó, no terminé de tenerlo claro) que hiciéramos un manifiesto, a lo que no sé si no entenderlo, o no sumar nuestras individualidades, no hicimos.

Pedro habló que una tradición que sí apoyó al autor vivo (término que utilizamos mucho) en el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas (CNNTE) del que siempre termina hablándose con nostalgia de algo que funcionó (por algo será).

Pero Wadji sí que nos dejó dos trazos que creo que funcionan como manifiesto:

“¿No será lo mejor que si soy director de un teatro que se plantee la misión de representar autores vivos nada más?”

“La revolución es negarse a obedecer.”

A mi se me quedó en el tintero hablar del concepto de ˝hegemonía cultural” que hubiera venido muy bien cuando Javi contó la anécdota de lo que le había pasado con un director general de una institución pública que defendía el repertorio y los clásicos contemporáneos para obviar a los autores vivos. De alguna manera, esa es la hegemonía cultural, “vendernos” que es bueno montar a Shakespeare y no a Sahuquillo porque el público lo necesita. Pero es una de las muchas falacias que nos tragamos a diario. William sería el primero en tumbarla, estoy convencido.

Con esto cerramos el debate, el círculo y nos hicimos esta foto

Que no quede en una foto. Creo en la revolución permanente en el teatro (sí, soy bastante estoico, que le vamos a hacer) y que cada paso hacia ello es una alegría que es inabarcable.

Por último, quiero agradecer a mis compañeros/as José, Javi, María, Denise, Pedro, Félix, Pilar y David por la experiencia. Siento no tener todas las notas, no ser más preciso, y dejarme algunas (muchas) cosas en el tintero. Seguro que vosotros podéis complementarlo en los comentarios ;)

Pese a que no salió un manifiesto, como nos pidió Wadji (y ello habla de nuestra individualidad) sí que compartimos nuestras frustraciones, anhelos, alegrías, tristezas y procesos. Y eso, en un mundo hiperacelerado, es siempre un lujo.

LA INDEPENDENCIA, LA DEPENDENCIA Y LA “PENDENCIA”

 

El otro día tuve que llamar por teléfono a un periodista amigo para cerrar algún dato para el texto teatral que estaba terminando. Me dio muchos y muy variados (gràcies Xavi), pero me quedé con este fragmento de la conversación (no es literal literal):

– En el mundo anglosajón lo tienen claro: si eres el mejor, ejerces el cargo.

– Allí funcionan por currículum.

– Y por independencia. Vale más la libertad que pueda tener, que ser de la familia. Aquí en nuestro país siempre pensamos, no con malicia, que como conozco a nosequién que haría esto muy bien… y de hacer concursos públicos, ni hablar. Por eso se ha tirado tanto de amigos, cuñados, hermanos, etc. Pero desde todos los bandos.

– Tiene que ver con que somos un poco fenicios.

– Eso es.

Creo que ese dato, la independencia, era clave para entender cómo actuamos en España, en Valencia, en esta parte. Y de esto no se libra la cultura.

Lo que más me llama la atención es como siendo un instrumento perfecto para proyectar imagen, se haya descuidado tanto eso, la imagen.

Lo que muchos profesionales de la cultura hemos pedido siempre, es algo sencillo: independencia. La cultura no puede ser un instrumento del poder, debería poder administrarse independientemente a siglas.

Un hecho curioso, casi de análisis sociológico sería el siguiente: ya se van conociendo algunos cargos de orden político en el ámbito cultural (y en otros), pero, siendo muchos de ellos excelentes profesionales, no habrían estado en esa tesitura (compleja por otro lado) si no militaran o pertenecieran a tal o cual partido. Siempre me pregunto: ¿si no militaran o pertenecieran a tal o cual partido, se les habría llamado?

Echo en falta independientes, pero independientes de verdad, en los altos organigramas de las instituciones públicas. Gerentes, gestores, que su currículum y sus obras (eso es el currículum) hayan dado pie a que lleguen donde han llegado y a generar un tejido cultural. Hay intentos muy loables y por poner un ejemplo para que se entienda, Vicent Soler, el Conseller de Economía será todo lo independiente que queramos, pero ya formó parte de un gobierno socialista de la anterior etapa. En todo caso, no era este el ejemplo que queríais, pero lo entendéis perfectamente.

Esto nos lleva al segundo grado, la dependencia. Con todo el desastre de gestión cultural que hemos tenido estos años en la Comunidad Valenciana, con poco que se haga será mucho mejor. Claro y meridiano. Ahora, la dependencia del sector (sea cual sea) no puede ser la panacea para esperar de él todo, todas las respuestas. Hay miedo al error. Errar es humano, hay que tomar decisiones para ello.

No tengo todos los detalles, pero en una reunión reciente con el sector, alguien de la administración preguntó: Entonces, ¿Qué hacemos?

Obviamente es lógico y loable preguntar, informarte, pero si no hay un plan, siento que volvemos de nuevo al punto cero del camino.

Una reunión muy famosa en el sector audiovisual hace años sentó a todos los académicos de cine valencianos con la consellera de turno para hablar con ellos, para hacer “lobby” valenciano. Aquello acabó en aguas de borrajas. Unos porque fueron a pedir su cuota, otros porque fueron a quejarse, pero lo más importante es que desde Conselleria no había ningún plan, sino sentarlos para ver, “bueno, ¿qué hacemos?”, como si fuera un problema de una charla de patio de colegio y no un mal endeble al que hay que enfrentarse con un plan estratégico. Y así seguimos: el ICAA de nuevo dando la espalda al sector valenciano.

Ya lo dijo Napoleón (y mira que a mi este como que no): “Cuando yo quiero que un asunto no se resuelva, lo encomiendo a un comité”.

Todo esto nos puede arrastrar de nuevo a la frustración, cuando no al desánimo. No debemos caer en eso. Sobre todo no se debe llegar a la “pendencia”, a dejarse hacer y a otra cosa mariposa. A “pues no saben hacer ná y no tienen ni idea”, o peor “si me hubieran llamado a mi…”. Hay que seguir siendo resolutivos, preponer, decir que no cuando sea que no, y apoyar cuando se está en ello. Tomar decisiones no debe ser un mal endémico, es una realidad del día a día.

Y como no soy de los de esconderme, siempre que puedo y tengo foro lanzo cuatro ideas tontas que se deberían aplicar en la cultura (sobre todo en los ámbitos que más conozco: teatro y cine) para levantar el ánimo y comenzar a hacer camino:

– En el ámbito local trastocar y poner al día las oficinas de rodajes en las principales ciudades, y ser permeables a la realidad de las grabaciones. Una Valencia Film Comission bien montada (sin amiguismos) haría que muchos rodajes cayeran por estas tierras (que tenemos sol a gogó) y daría mucho trabajo a excelentes profesionales.

– Aunar en una “liga fantástica” todos los eventos creativos-culturales a la manera del Edimburgo Festival. Algo de esto hablé aquí y tiene coste cero. Simplemente hay que coordinar todo el potencial desbocao que tenemos en Valencia y alrededores.

– Como no tenemos Instituto Cervantes ni Institut Ramón Llull, utilizar las Oficinas de Turismo de la Comunitat Valenciana para eso: para vender también cultura. Y de paso, ir pensando en como montar una red, entrando por esas oficinas, para llevar nuestro cultura a Monterrey, Bratislava, Moscú o Kuwait.

– Por último y más importante: darle la voz al creador, sea cineasta, teatrero, músico o artista plástico. Llevan muchos años en el oficio, y por experiencia seguro que algo se ha quedado. Innovemos en esto, en formar, potenciar y exportar creadores: será lo que haga que cambiemos nuestro sino de corrupción.

Veis. Creo que sigo siendo optimista. Librémonos de la dependencia que supone el cargo, o el partido del gobierno y gestionemos (gestionar) para hacer realidad todo esto. Conozco mucha gente dentro de la administración que se va a dejar la piel por la cultura al País Valencià. Com deia Vives: “Afanya’t, no et reserves per les hores que han de venir, perquè aquell que no és apte avui menys ho serà demà”.

POLÍTICA

“Pienso que la verdad política es la que se hace con la visión.

Es decir: lo que se muestra a diario a la gente, a las personas, es político.”

El acto de ver Wim Wenders

 

En estas elecciones hay dos votos posibles: el del miedo y el del cambio. Y cada uno tiene sus partidos políticos asignados.

Creo que la crisis ha pulsionado mucho las ficciones cercanas a la realidad social, política. Y cuando la realidad política se ha ficcionado tanto, la ficción se acerca a la realidad política.

Como documentalista que fui, me baso en la realidad, me gusta trabajar poniendo la lupa en aquello que ocurre en lo real, y la política está ahora más que nada falta de un relato.

Sí, tengo mis propias convicciones políticas pero siempre me pregunto si eso intercede a la hora de escribir, si eso hace que mi escritura se gire hacia algún lado. Creo que lo importante es que entendamos el porqué de todos los personajes, indistintamente de su ideología, política o no.

Es por ello que veo que esta crisis, o esta estafa, lleva a un cambio de paradigma ficcional: necesitamos saber y conocer qué pasó, porqué pasó, que nos llevó a esto y como no repetirlo. Para eso siempre es interesante analizar la realidad, y sus imágenes icónicas. Sirvan estos 2 ejemplos.

En la primera, tradición, compromiso y modernidad se entremezclan en esa imagen de Mónica Oltra, la política valenciana mejor valorada, vestida de fallera en el metro de Valencia. Todos tenemos en la mente qué pasó en ese fatídico metro. Pero aún así, es un medio de transporte popular, que utiliza todo el mundo. Es bajar a pie de tierra. Por otro lado, una tradición, las fallas, como anclaje del aquí y ahora. Creo que en sí, es la imagen del año en Valencia, independientemente de los comicios electorales.

En la otra, algo que no debería ser molesto, el descansar durante un viaje, se convierte para la persona, en este caso Rita Barberá, en una actitud falta de respeto. Todos descansamos, pero queda poco educado hacerlo así en el AVE (medio, tal vez, más elitista que el metro). Pero sobre todo con los pies descalzos y sin compañeros de asiento. Parece que haya un privilegio: compro el resto de asientos para ir cómoda, que para eso mando yo. El mando como instrumento de disciplina vertical.

Dos fotos que dan y dicen mucho al hacer ficciones. Obviamente no he escogido estas dos fotos al azar. He conocido a ambas mujeres. Personalmente. En un corto espacio de tiempo, pero creo que justamente estas dos fotos las define muy bien. Y eso es lo que nos muestra un personaje cuando lo describimos. A veces reflejar la realidad parece irreal, pero ¿es así?

Con Mónica tuve una comida muy interesante (de la que no voy a dar más detalles) pero me quedó una nueva mirada curtida no solamente dentro del ámbito valenciano, sino también fuera. A la alcaldesa, la conocí en unos premios que organiza el Ayuntamiento (y del que yo fui premiado en aquel momento) y es verdad que es cercana y educada delante de la palestra, pero no así detrás de ese “maquillaje”. Vi, lamentablemente, la parte de delante y la de atrás.

En todo caso, me fascina analizar los comportamientos de los políticos de primera mano, algo que hace la película de Polanski “El escritor” y que muy bien refleja el libro de Yasmina Reza “Al alba la tarde o la noche”.

Les diré algo: he conocido muchos y variados políticos. Con algunos me he sentado a comer, a otros los he entrevistado, alguno que otro me confesó algún secretillo (o eso creía él/ella o yo). Creo que el poder les da algo, que ellos creen eterno. Y en esa mirada hacia los demás me interesa como contar ese relato, como lo hizo Reza en su excelente libro.

Les diré algo más: lo he intentado. No creo que vaya a cuajar, pero me gustaría hacerlo. Me explico.

El miércoles 18, día de fallas, volvía a Valencia en AVE. Había estado de reuniones en Madrid los días anteriores y volvía pronto hacia Valencia. Tenía un billete de turista. Al ser relativamente temprano la gente va a la suya. Hasta que no arrancó el tren no me percaté que en el asiento de enfrente estaba sentado Pedro Sánchez. Ni yo ni mucha gente. Pasó desapercibido. Eso sí: iba en turista, lo puedo atestiguar.

Durante el viaje fui pensando como entrarle. ¿Por qué? Pensaréis. Vivir desde dentro el día a día de un político como Pedro (o como otros cualesquiera) creo que es un material valiosísimo para la ficción. Puede gustarte más o menos su ideología, pero esta la esencia del poder, la fascinación y erótica que ello conlleva. Esperé paciente hasta el final del trayecto, no quería una situación incómoda ni parecer un fan friki. Simplemente plantearle algo. Casi llegando a Valencia saqué una tarjeta personal, escribí tras ella y la guardé.

Cuando ya se anunció “Próximo estación: Valencia”, momento en el que la gente recoge, ataqué:

– Pedro, enhorabuena.- le dije. Era una manera de entrar rápida y seguro que se sentiría halagado.

– Gracias.

Le acerqué mi tarjeta. Tras ella se podía leer esto.

Lo leyó, me miró y me dijo:

– Te escribo.

– Claro.

No crucé más palabra con él. No quise. Seguramente no lo hará, pero creo que contarlo desde dentro, ahora que llegan las elecciones generales, era una manera de mostrar que cuando se quiere escribir desde algo, se tiene que hacer con conocimiento de causa. Así lo hice cuando escribí “Las guerras correctas”, cuando me entrevisté con Iñaki Gabilondo.

[Si Pedro Sánchez (o algún asesor, esa especie tan “curiosa” de la que está llena la política) lee esto, no dude en ponerse en contacto conmigo.]

Esa es la función del escribiente, sea guionista, dramaturgo, novelista,… la función del “ficcionador”: tener un conocimiento de primera mano de aquello de lo que escribe.

Lo tiene Beau Willimon cuando reescribe “House of cards” (la adaptación del original “House cards” británico) porque lo había hecho antes con “Farragut north” obra de teatro que fue llevaba al cine como “Los idus de marzo”.

Por eso me parece tan extraña la adaptación en España de una serie tan política como “Borgen”. ¿Sabremos adaptarla? ¿Lo harán gentes que hayan conocido políticos/as, que se hayan metido hasta el tuétano en la política? ¿De verdad creemos que se pueden copiar y pegar formatos?

Lo peor que te puede ocurrir como “ficcionador” es que tu ficción sea en si mismo ciencia ficción. Algo que hace cada vez más los telediarios.

LA HORA DE LOS CREADORES

Hoy  ha salido este artículo en Valencia Plaza. Sé que Vicent Molins, al que agradezco el esfuerzo, ha juntado un sinfín de voces que queremos ver el cambio en Valencia. Como pasa con estos artículos, el texto íntegro que le mandé no ha podido publicarse. Por eso aprovecho este espacio y copio el texto íntegro, para quien le quiera interesar. Importante es que reflexionemos, culturalmente hablando, sobre nuestra Valencia.

 

A/A quien lleve las riendas de la cultura valenciana,

Hola. Debes estar acojonado/a. Llevamos años esperándote. Muchos. Hemos / han depositado todas las esperanzas en ti. Y creemos que lo harás bien, aunque para cada uno la palabra “bien” tenga su propio significado. Ánimo y no pierdas el aliento en esta dura batalla.

No hay que salvar la cultura valenciana. No nos equivoquemos. Hay que hacerla visible. Es la hora de los creadores. Me permito, a modo de sugerencia, lanzarte algunas ideas de lo que debería pasar. Pero sé que estamos en buenas manos. Endavant company/a!!!

– Utiliza el código de buenas prácticas. Para eso está, para eso hay instituciones que funcionan tan bien con él. Que quien gestione el teatro, cine, música, artes valencianas sea el más preparado, el que mejor currículum tenga, el que traiga las propuestas más atractivas por un concurso de méritos. Fuera cuñados/as, hermanos/as, amigos/as, maridos/mujeres, mientras no estén preparados. Ya los hemos sufrido.

– Es la hora de los creadores, hazlo fuertes y tendremos una cultura fuerte. Siempre lo he dicho: hace más por nuestro audiovisual que un cineasta nuestro este en el Talent Campus de la Berlinale que un stand de la Ciudad de la Luz (ay!) en Donosti. Apuesta por el talento. No seas un guardia urbano para que “pase el siguiente”, para que haya café para todos/as. No. Se acabó. Trabaja con la pirámide invertida: apoyando muchos creadores que darán resultados a los productores, que exportarán su trabajo fuera, que lo harán visible.

– Obcécate en la pedagogía cultural. Nuestro cine, nuestro teatro, nuestra música no se ve, porque no la promocionamos, no educamos para verla, sentirla, amarlo/a. Incentivos a los más jóvenes a llegar a la cultura, para luego formarlos en sus pasos a ser creativos. Creatividad contra el “emprendurismo”. Que llegue la revolución a la cultura y la educación.

Exporta talento, importa referentes. Vivimos faltos de referentes. No llegan, o llegan cada poco. Y esto nos hace pobres culturalmente, nos aísla y no nos hace evolucionar. Hagamos de Valencia una plaza cultural fuerte. Y exportemos nuestro talento. ¿Qué hace l’Institut Ramón Llull con la cultura catalana? ¿Y el Cervantes con la española? No hace falta crear un instituto para esto, o no de buenas a primeras, hay agencias de turismo valenciano por todo el mundo, y me costa que algunas solo venden playas, sol y fiesta! Invirtamos en “vender” alguna cosa más, que somos la ciudad europea que más Erasmus recibe. Hagamos que se enamoren también de nuestra cultura.

– Por último, impón la autocrítica, la sana y saludable, claro está. No sirve de nada “que bien aquello que hiciste” si no es verdad. Hay que mojarse. Hay que apoyar aquello que nos va a posicionar, y saber cuando se apuesta por una rareza porque es una joya en bruto. Para eso hacen falta muchas horas de festivales, encuentros, visionados, exposiciones, etc. Y es que la autocrítica es para todos/as, para el creador y para el gestor.

O sea que ponte las pilas y empápate de lo que pasa en Madrid, Helsinki, Buenos Aires o Berlín. Estudia los ejemplos de éxito cultural de ciudades y regiones como la nuestra, propón, arriesga, pierde o gana, pero haznos más alegres culturalmente hablando. Te estamos esperando con los brazos abiertos.

Gabi Ochoa